La moto y yo.

De vez en cuando algún motero ha tenido que conestar a la eterna pregunta de ¿por que vas en moto? Con argumentos varios como la falta de protección, la exposición a los fenómenos meteorológicos -y no solo los adversos invernales, que un sol de justicia también es un problema para equiparse bien-. Y por mi parte voy a contar mi opinión.

Lo cierto es que a mi la moto me llegó tarde. Aunque tuve un par de scooters entre los 20 y los 30. Pero eran vehículos para desplazamientos urbanos, no una afición. Recién llegado a Barcelona descubrí que mantener un coche era -con salarios precarios- ciertamente imposible ya que no hay donde aparcarlo. Y lo vendí y pasé a una motito maja, de 125cc, que me permitía moverme por Barcelona y hacer un poco de carretera si era necesario. El concepto de “un poco” se extendió hasta un viaje de 2400 kms (la Nacional 340 de principio a fin), pero al fin y al cabo descubrí que podías salir a disfrutar de dar un paseo en moto.

De repente con la moto te das cuenta que no solo es la idea de, dar una vuelta por ahi. Te das cuenta que tienes “hermanos” en cada curva. Extraños que te saludarán y pararan si te pasa algo para echar un cable si es necesario; que serán los primeros en gritar que no te quiten el casco. O que serán los que si te ven parado en un arcén se pararán o te harán gestos al pasar para asegurarse de que no necesitas nada. Y esa “camaradería” no existe en los coches. Y aquí ya empiezas a pensar que esto no es solo un vehículo, es un vínculo con toda una forma de entender la vida, la hermandad, la carretera, el respeto y otras cosas que van surgiendo por el camino.

En definitiva entré por “casualidad” en este mundo. A pesar de que mi padre ha tenido moto durante algunos periodos de su vida, pero no me relacioné con sus “amigos” moteros; con lo que no ví ese “interesante mundo” desde su óptica.

A día de hoy, más o menos 5 años y más de 60.000Km después de mi primera moto de marchas, ahora ya tengo una 650cc y empiezo a pensar que esta afición ya es para toda la vida. La sensación de libertad que te envuelve cuando estás conduciendo ya sea en grupo o solo es inenarrable. No hay forma de describirla, hay que vivirla (aunque parezca un anuncio de un parque de atracciones) Y al igual que sucede en mi deporte favorito (la vela ligera, donde hay un barco para cada aficionado a navegar, dependiendo de lo que le guste de este deporte), lo mismo sucede en las motos: las hay para todos los gustos, colores, formas, velocidades y emociones.

 

Ya desde pequeño me gustaban más las motos de carretera donde uno iba bien sentado, que no las R y esas motos en las que tenías que adoptar posturas forzadas para llevarlas. Pero finalmente me enamoré de las trail al tener la pequeña y luego ya decidí que era “mi sector” y la disfruto cada día que la cojo, e intento mimarla y que esté todo bien.

Un saludo a los lectores y gas “V’s”

3 pensamientos en “La moto y yo.

  1. Pues lo has explicado muy bien!! Quizás es lo “malo” que tienen las motos, que hasta que no lo pruebas no ves todo lo que te pueden ofrecer y a veces probarlo es complicado o simplemente no pasa, por razones varias. Algunos hemos tenido la suerte de poder descubrirlo, y yo me siento super afortunada de formar parte de esta familia!! ^^

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  2. Pingback: Why we ride. | Geógrafo en moto

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