You’ll never ride alone

A pesar de ser un ligero plagio de una canción de los 50-60: es un poco la idea que tras 60.000 km encima de la moto, tengo bastante clara: “nunca montas solo”.

Es una de las ideas primeras que te asalta cuando empiezas a ver que otras motos te saludan, al principio cuando el miedo te impide soltar el manillar. Luego la sonrisa te asoma a los labios cuando saludas tu la primera vez y ves que te devuelven el saludo: luces, la V con la mano o saludos con la pierna.

Poco a poco, a pesar de ir solo en moto, te das cuenta que no estás solo. Y piensas que el espíritu del que te han hablado, ese espíritu motero existe. Y llega el fatídico día en el que necesitas ayuda; y ese día te das cuenta que no solo te saludaban, sino que había algo más detrás de tanto ritual motero. Hace algo más de un año tuve una caida “tonta” en una curva, a 30 por hora en la carretera de la arrabasada, de noche y en invierno. Y yo recuerdo levantarme inmediatamente para poner la moto en el “mini arcén” para que no viniera un coche y aún fuera a peor la situación. Y cuando ya tenía puesta la pata de cabra y la moto parada, descubrí que había otro motero que había parado a ver si me podía ayudar, si estaba bien,… Y te das cuenta que no estas solo, en absoluto.

Y todo esto para explicar mi “error” el otro día de camino a Granada. Donde de repente te das cuenta que estas en pleno momento mágico la luz del sol, las vistas, la carretera,… lo que sea conforman un momento que necesitas inmortalizar y por mala cabeza me eché al arcen para hacer la foto, pero puse los dobles intermitentes, que son señal de emergencia; pero no me acordé. Debí haberme echado al arcen con el intermitente derecho, pero “oiga usted” no me di cuenta de mi error… hasta que no paró un motero a preguntarme si estaba bien. Una preciosa RT que tras ver que le decía q no tenía ningún problema y que solo quería hacer una foto y avisar de cuanto me quedaba para llegar, arrancó de nuevo y se fue. Momento que aproveché para cambiar el tema de los intermitentes.
En teoría el código motero -si no recuerdo mal- habla de que si un motero deja el casco en el suelo junto a la moto, es que tiene algún problema. Pero lo normal, y yo también lo he hecho, es que si encuentras motos en el arcen; te paras o al menos reduces y haces señas para ver si necesitan algo.

Y eso es algo que enaltece más a esta afición; porque ya todos nos hemos dado cuenta de que el individualismo que cada vez más destaca en nuestra sociedad la está convirtiendo en una jauría de lobos hambrientos.

 

Why we ride.

En mi anterior post hablé de mi afición tardía a la moto. Y obviamente no me retracto de nada, pero tras una charla con una amiga motera a la que podéis seguir en su blog, me di cuenta que no es tan tardía mi afición o al menos su base.

Tras ver unos cuantos vídeo-blogs de moteros que muchos titulan “why we ride” como una declaración de intenciones en el mundo de la moto, sentando las bases de que es lo que les aporta. Me di cuenta que mi “alma” motera llevaba mucho conmigo y todo vino a santo de la charla antes mencionada. Espero que alguno de mis lectores sea consciente que muchas veces, a la hora de aclarar ideas, no hay nada como expresarlas en voz alta o de forma escrita; y eso fue lo que sucedió.

En esta charla hice un paralelismo entre navegar a vela y montar en moto. Hablaba de la sensación de libertad, en la moto tienes menos ataduras (aunque vayamos escondidos dentro de nuestros trajes, monos, cascos, superguantes, botazas y demás parafernalia…) sientes la carretera, y acabas convirtiéndote en uno con ella (aunque esta expresión, manida en sobremanera, suene muy “mística”; muchos de los que rodamos en moto hemos tenido un momento de epifanía donde nos hemos sentido muy bien en la moto, notando que seguimos el trazado y todos los movimientos se vuelven suaves y armónicos). Lo se, suena a que me acabo de drogar -pero yo de eso no tomo-.

La idea de este momento de convergencia de planetas y alineación astral, es una cosa que había comentado en alguna ocasión con mis compañeros navegantes, y que uno de ellos definió (te plagio, Miguel): “comunión con la naturaleza”. No nos pasa a menudo, aunque disfrutemos del mar, pero hay días donde no importa nada más a tu alrededor, el barco se mueve como debe, tu lo llevas bien, el viento te empuja y surcas las olas como si casi no existieran.

Haciendo el paralelismo para explicarle a La noia de la moto, lo que se podía sentir en un barco fue cuando me di cuenta, que mi corazón siempre ha buscado eso, lo único que no sabía que otro medio -al margen de los barcos- era la moto, para llegar a ese estado de felicidad, libertad, de control y a la vez falta de control. En ambos casos tienes el control de la experiencia al manillar/timón, pero la falta de control de lo que no puedes controlar la carretera/las condiciones climatológicas, y el equilibrio entre esas fuerzas es el que -en mi caso- me aporta lo que busco en esta afición. Obviamente no puedo comparar 26 años de navegación con 5 años de motos… y menos cuando he pasado mas horas en el mar casi que en tierra. Pero…

era motero mucho antes de saberlo.

La moto y yo.

De vez en cuando algún motero ha tenido que conestar a la eterna pregunta de ¿por que vas en moto? Con argumentos varios como la falta de protección, la exposición a los fenómenos meteorológicos -y no solo los adversos invernales, que un sol de justicia también es un problema para equiparse bien-. Y por mi parte voy a contar mi opinión.

Lo cierto es que a mi la moto me llegó tarde. Aunque tuve un par de scooters entre los 20 y los 30. Pero eran vehículos para desplazamientos urbanos, no una afición. Recién llegado a Barcelona descubrí que mantener un coche era -con salarios precarios- ciertamente imposible ya que no hay donde aparcarlo. Y lo vendí y pasé a una motito maja, de 125cc, que me permitía moverme por Barcelona y hacer un poco de carretera si era necesario. El concepto de “un poco” se extendió hasta un viaje de 2400 kms (la Nacional 340 de principio a fin), pero al fin y al cabo descubrí que podías salir a disfrutar de dar un paseo en moto.

De repente con la moto te das cuenta que no solo es la idea de, dar una vuelta por ahi. Te das cuenta que tienes “hermanos” en cada curva. Extraños que te saludarán y pararan si te pasa algo para echar un cable si es necesario; que serán los primeros en gritar que no te quiten el casco. O que serán los que si te ven parado en un arcén se pararán o te harán gestos al pasar para asegurarse de que no necesitas nada. Y esa “camaradería” no existe en los coches. Y aquí ya empiezas a pensar que esto no es solo un vehículo, es un vínculo con toda una forma de entender la vida, la hermandad, la carretera, el respeto y otras cosas que van surgiendo por el camino.

En definitiva entré por “casualidad” en este mundo. A pesar de que mi padre ha tenido moto durante algunos periodos de su vida, pero no me relacioné con sus “amigos” moteros; con lo que no ví ese “interesante mundo” desde su óptica.

A día de hoy, más o menos 5 años y más de 60.000Km después de mi primera moto de marchas, ahora ya tengo una 650cc y empiezo a pensar que esta afición ya es para toda la vida. La sensación de libertad que te envuelve cuando estás conduciendo ya sea en grupo o solo es inenarrable. No hay forma de describirla, hay que vivirla (aunque parezca un anuncio de un parque de atracciones) Y al igual que sucede en mi deporte favorito (la vela ligera, donde hay un barco para cada aficionado a navegar, dependiendo de lo que le guste de este deporte), lo mismo sucede en las motos: las hay para todos los gustos, colores, formas, velocidades y emociones.

 

Ya desde pequeño me gustaban más las motos de carretera donde uno iba bien sentado, que no las R y esas motos en las que tenías que adoptar posturas forzadas para llevarlas. Pero finalmente me enamoré de las trail al tener la pequeña y luego ya decidí que era “mi sector” y la disfruto cada día que la cojo, e intento mimarla y que esté todo bien.

Un saludo a los lectores y gas “V’s”